El 3 de noviembre de 2016, al mediodía, una mujer fue a la terminal de ómnibus de San Martín de los Andes y pidió un pasaje para viajar hasta Neuquén capital. Llevó su certificado de discapacidad y le dijo a quien estaba en la boletería si podía ubicarla en la parte de abajo del colectivo , ya que tenía que someterse a un tratamiento de hernia de columna. El comerciante le contestó que no, por que ese beneficio era únicamente para personas ciegas o en silla de ruedas. Se retiró, pero volvió a los pocos días, e insistió. La respuesta fue que eran «directivas de la empresa».
No se dio por vencida. Su marido buscó al personal de la dirección de Transporte de la municipalidad. El empleado del organismo fue hasta la ventanilla y le preguntó por qué motivo la mujer no podía viajar en la part