Miles de personas sueñan con alcanzar la cumbre del Monte Everest , donde el aire es escaso y el horizonte parece tocar el cielo. Sin embargo, pocos imaginan que, bajo la nieve y el hielo perpetuo, se esconde otro desafío que crece año tras año: la acumulación de basura y residuos biológicos humanos congelados. Allí, en el refugio de los sueños más ambiciosos, el problema de los desechos amenaza con opacar la majestuosidad de la montaña más elevada del planeta.

Un vertedero en el techo del mundo

Desde los años 50, más de 4.000 personas han conquistado la cumbre y, cada temporada, unos 600 escaladores intentan sumar su nombre a esa lista. Cada uno deja, en promedio, ocho kilos de residuos en el camino: desde envases y tanques de oxígeno hasta restos de alimentos y desechos biológic

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