En apenas 10 días, Argentina fue escenario de tres ataques homoodiantes que sacudieron a la opinión pública y encendieron las alarmas en la comunidad LGBTIQ+ . No se trata de episodios aislados ni de hechos fortuitos, sino de la expresión concreta de un clima social de época cargado de hostilidad hacia diferentes sujetos sociales , habilitado y amplificado por discursos de odio que se reproducen sistemáticamente desde los más altos niveles del poder. Cada golpe, cada amenaza, cada pintada homofóbica no es solo un acto individual de intolerancia, sino la cristalización de un proceso más amplio en el que el odio se convierte en lenguaje político, en dispositivo de disciplinamiento y en una forma de ejercer el poder.

La violencia contra las disidencias sexuales y de género no e

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