Ayer, en el partido que enfrentó al Alavés y a mi equipo con rayas, a un aficionado del local le pegó un tantarantán. El partido se detuvo y sirvió para que la famosa pausa de hidratación se hiciera efectiva en los jugadores cuando en el marcador había tablas.
Al equipo de las rayas antes no le pasaban estas cosas, pero ahora nos remontan con una facilidad y con una pasmosa falta de capacidad de reacción, de tal forma que daban ganas de decirle al colegiado que no se reanudara la cosa, por Dios se lo pido.
Pero iba yo a hablarles de lo flipante que es que un 30 de agosto te pongan un partido a las cinco de la tarde y pelados de frío en diciembre no haya narices a que tu equipo de rayas juegue de día, a una hora prudente, donde puedas llevar al crío o a la nena, y que no salgas al descamp