En muchas cocinas argentinas se repite, casi de memoria, el mismo truco: si la salsa de tomate queda ácida , se le agrega una cucharadita de azúcar . Es un gesto automático, heredado y muy instalado en la sociedad. Pero lo cierto es que esto no resuelve el problema real. El azúcar no neutraliza la acidez , simplemente la tapa por un instante y termina alterando el sabor natural del tomate.

La solución , en cambio, es mucho más simple y tiene que ver con algo que suele faltar en la cocina diaria: tiempo . Una salsa de tomate necesita cocción lenta para que sus propios azúcares naturales salgan a la superficie y suavicen la acidez. Con el calor sostenido, los tomates se concentran, pierden ese sabor ácido inicial y se integran mejor con el resto de los ingredientes. En sín

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