Es todo algarabía y bullicio en la presentación de la temporada teatral de verano de las seis salas que Carlos Rottemberg posee en Mar del Plata. Palermo, Buenos Aires. Son las tres de la tarde y una encantadora señora enfundada en un vestido rústico de color rojo intenso, con gafas al tono, atrae todas las miradas, regala unas pocas palabras a la jauría de noteros que asisten al acto y, después de sellar con el pulgar un contrato imaginario, se marcha con una elegancia que le es característica. Pero en el entrepiso del restó donde se realiza el evento espera relajada y sonriente la llegada de este cronista para un mano a mano que se ha hecho costumbre en el último tiempo.

Un pesado cortinado de pana oscura separa a Soledad Silveyra del mundanal ruido y en la intimidad de ese ámbito c

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