El Estadio Fray Nano amaneció hoy convertido en un espacio que, sin ser todavía un veterano de los festivales masivos, tuvo que transformarse a toda velocidad para recibir a una multitud hambrienta de guitarras saturadas, voces rasposas y nostalgia de los dosmiles.

El Looserville sobrevivió al volantazo de sede del Estadio Azteca al Fray Nano y, aun así, la gente llegó. Llegó temprano, rápido y con la certeza de que un cambio de lugar no detiene a quienes han esperado tres años para volver a ver a Limp Bizkit.

Afuera, chavos con playeras negras desteñidas, papás rockeros llevando a sus hijos a su primer festival de metal, chicas con el logo de Bullet For My Valentine, todos haciendo tiempo mientras revisaban la mercancía: gorras, pines, parches y, por supuesto, el ya institucional San Fr

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