Cuando pasen los años, podré decir que fui testigo. Que esta ha sido una historia de fútbol que contaré en primera persona.
Cuando la agitación se empiece a desvanecer, podré confesar que sufrí y gocé desde la tribuna de Oriente con cada ataque y defensa, con el único gol de este duelo entre brasileños, cada acierto, cada yerro. Y testimoniaré que eso de hincha neutral será siempre una piadosa mentira.
Y más afortunado aun: podré atestar que lo he hecho acompañado por mis hijos César y André. Un disfrute anticipado de Navidad con un momento que nos unirá siempre, incluso cuando lleguen las ausencias.
Pero hoy, a esta hora, todavía salto al ritmo de esos cánticos ajenos que adoptamos como nuestros en un improvisado portuñol. Aún veo los celulares que multiplican los ojos de forma exponen

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