Ningún evento multitudinario paraliza así al país. Quizá exagero, pero ninguno lo reta de esta forma ni lo condiciona tanto. Habría que buscar en un cumbre de mandatarios o esperada una visita papal para explicar lo que ocurre cuando el Perú, ese país adormecido en el que está todo por hacer, está puesto en los ojos del mundo así como esta semana.

El termómetro a mirar quizá sea lo que ocurre con la Javier Prado, esa arteria que cruza el corazón de la ciudad como si fuera la aorta: paralizada, detenido el país para que crucen por allí a velocidad crucero los buses última generación en los que llegaron al Monumental, pasadas las 2:50 pm -el partido era a las 4 p.m., de tuvo que postergar 15 minutos-, las delegaciones de Flamengo y Palmeiras, antes de librar batalla para decidir al campeón.

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