En las islas del Delta, la apicultura tiene un pulso particular. La diversidad de especies vegetales —chilca, ceibo, zarzamora, trébol blanco, falso índigo, eucalipto, sauce y muchas más— deja su huella en cada producto del colmenar. Allí, donde la miel es protagonista desde hace décadas, el polen empieza a ocupar un lugar propio.

Un análisis realizado por el INTA Delta del Paraná y el IPAF Región Pampeana confirma que este recurso ofrece un diferencial notable: calidad, variedad botánica y un potencial económico capaz de ampliar la matriz productiva sin alterar el funcionamiento del apiario. No reemplaza la miel ni compite con ella, pero sí abre una vía concreta para diversificar.

Ventajas que cambian la economía del productor

Según los especialistas, la incorporación del polen

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