“Tu bebé está muerta”, le dijo de golpe el ginecólogo a Nuria Jaquelina Leyva Hernández y añadió: “Mañana te vamos a internar para hacerte un legrado”. Sorprendida por no tener ningún síntoma, regresó al consultorio con sus padres, pero el médico había cambiado de opinión: “Nunca dije eso, sólo te voy hacer unos estudios”.
En ese momento, Nuria supo que el hombre, tío del padre de la criatura, el pintor Max Sanz, cuyo nombre real es Max Sánchez López, intentaba engañarla para practicarle un aborto clandestino y así liberar a su sobrino de la responsabilidad.
La bebé nació y fue un milagro. Ahora tiene 14 años y ha sufrido en carne propia un largo viacrucis judicial para demostrar en el juzgado, con dos pruebas de ADN, que es hija de quien no quiso reconocerla. La primera la “extraviaron”

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