Dos expresidentes condenados con 24 horas de diferencia debe ser un récord. No es uno del que tengamos que enorgullecernos porque es una clara señal de que elegimos mal. Pedro Castillo y Martín Vizcarra representan un nuevo y rotundo fracaso de un sector que desde hace varios años ha intentado trazar una imaginaria línea divisoria entre el bien y el mal en la política. Ambos alimentaron la polarización y la utilizaron como herramienta para lograr sus objetivos políticos.
Pedro Castillo ha sido condenado por golpista. Algunos pueden considerar que ha salido bien librado al haber recibido una pena de solo 11 años y 5 meses cuando el requerimiento de la fiscalía era de 34 años. Pero desde la perspectiva jurídica de algunos especialistas citados esta semana por El Comercio, la imputación por

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