Mientras ojeaba con parsimoniosa habitualidad el catálogo de obras que se iban a subastar, Gonzalo Eguiguren se fijó con particular curiosidad en una pequeña tabla con cortes en las puntas que había sido pintada en el siglo XVII. Le bastaron escasos segundos para reconocer que se trataba de una auténtica joya.
La subasta empezó súbitamente , Gonzalo levantó su pequeña paleta cuando ofertaron el cuadro que retrata a una joven mártir del siglo III que mira con devoción a los cielos con sus manos en señal de súplica, más conocida como 'Santa Eulalia'. Finalmente, Eguiguren se terminó llevando obra tras un martillazo que cerró la venta en 5 mil euros, aproximadamente $23 millones.
Aunque no conocía con experticia esa pintura, Gonzalo no tenía dudas de que los brochazos habían sido dados p

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