En Barcelona abrió un restaurante experimental donde cada plato se transforma visualmente antes de servirse gracias a impresoras de gel comestible y técnicas de gastronomía molecular.
El menú incluye alimentos que cambian de textura o color según la temperatura del ambiente o la iluminación del comedor.
Los chefs aseguran que la intención es que comer se convierta en una experiencia teatral y no solo culinaria.
Las reservas están agotadas por tres meses debido al interés por esta mezcla de arte y ciencia gastronómica.

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