La final de la Copa Libertadores siempre tiene historias alrededor que no salen en televisión, pero que capturan la esencia del fútbol sudamericano.

Una de ellas ocurrió en Lima, en lo alto de un cerro que mira al imponente Estadio Monumental. Allí, un joven peruano convirtió la adversidad en un escenario perfecto para cumplir su sueño: narrar una final continental.

No tenía boleta, acreditación, ni posibilidades reales de entrar. Pero sí llevaba consigo algo más poderoso: pasión, creatividad y un deseo inquebrantable de vivir el partido a su manera.

Viajó 18 horas desde Andahuaylas en el departamento de Apurímac, atravesó carreteras y terminales, y llegó a Lima con un solo objetivo, estar cerca del lugar donde la historia se escribía.

El mejor asiento estaba arriba del cerro

Sin entr

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