CIUDAD DE MÉXICO.- La vida cotidiana avanza marcada por la productividad. El descanso, aunque esencial, se volvió sospechoso. Quedarse quieto se interpreta como falta de ambición y hablar de ocio despierta incomodidad. En esta nota, especialistas explican por qué “no hacer nada” es una práctica de autocuidado que sostiene el equilibrio emocional, la claridad mental y el bienestar integral.

¿Por qué la cultura actual rechaza la inactividad?

La idea de mantenerse ocupado todo el tiempo se instaló como norma social. La doctora en Psicología Mariam Holmes lo resume así: “Vivimos en una cultura marcada por la productividad como valor moral. Parece que el tiempo solo tiene legitimidad si está ‘lleno’ con actividad visible”.

El temor a ser visto como poco ambicioso refuerza una “hiperexig

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