Unos veinte años le demandó a Marcelo Filzmoser (Buenos Aires, 1977) mudar de poeta y cuentista a autor de novelas.

Fue una deriva casi natural, si se quiere, para alguien que se considera íntegramente un escritor. Tan natural, también, como los continuos cambios, las evoluciones o involuciones que suceden en Mudanzas , el debut novelístico de Marcelo.

El libro es corto. Los treinta seis capítulos que lo componen son más sucintos aún, autosuficientes. Y lo que se cuenta es la vida breve, sencilla, de un hombre que no para de saltar de un estado a otro, dejando en el camino pareja, relación con los hijos, legados familiares y hasta Buenos Aires, su ciudad.

¿Es un antihéroe? Ni siquiera. Es alguien quieto movido por el viento. Es alguien que se parece, en mucho, al propio Marcel

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