La situación en Gaza se agrava mientras la Casa Blanca inicia planes para la reconstrucción del enclave. A pesar de las presiones para un alto el fuego, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que Tel Aviv continuará su ofensiva. En una reunión reciente, Trump y su equipo discutieron un proyecto para administrar una Gaza libre de Hamás. El enviado especial de EE.UU. para Oriente Medio, Steve Witkoff, describió el plan como "muy completo" y con un enfoque humanitario.
Trump expresó su preocupación por la crisis alimentaria en Gaza, donde el Ministerio de Salud local reportó 315 muertes por inanición. "No puedo verlo más. Es algo terrible", comentó el presidente. Sin embargo, tanto Washington como Tel Aviv han negado la existencia de una hambruna, desestimando un informe de la ONU que señala a Israel como responsable de la crisis humanitaria.
Mientras tanto, las tropas israelíes han comenzado operaciones en otras áreas de Ciudad de Gaza, preparando una posible invasión total. A pesar de las órdenes de evacuación, muchos habitantes, incluidos los cristianos, se resisten a abandonar la ciudad. Los patriarcados ortodoxo y latino han decidido permanecer en la región para cuidar a los civiles que buscan refugio en el complejo hospitalario de Al Ahli, donde actualmente atienden a unos 600 palestinos.
En Europa, el Parlamento de Países Bajos ha rechazado sanciones adicionales contra Israel, apoyando al gobierno en funciones del primer ministro Dick Schoof. La moción de censura presentada por un partido de izquierda fue desestimada, al igual que las propuestas para imponer un embargo de armas y evacuar a niños de Gaza. El debate en el Parlamento ha evidenciado la división sobre cómo abordar la crisis en la región.