Una segunda mujer ha presentado su testimonio ante la investigación sobre las acusaciones de abuso sexual contra Karim Khan, fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), según ha podido saber The Guardian.

La mujer ha denunciado que, mientras trabajaba para el destacado abogado británico al principio de su carrera, este se comportó de manera inapropiada, sometiéndola a insinuaciones sexuales no deseadas, abusando de su autoridad sobre ella y presionándola repetidamente para que mantuviera relaciones sexuales.

Khan, que niega haber cometido “ningún tipo” de conducta sexual inapropiada, ha dimitido temporalmente como jefe de la división de la fiscalía de la CPI mientras espera el resultado de la investigación sobre otras acusaciones de abuso presentadas por otro miembro de su personal.

La investigación, iniciada el año pasado por un organismo de control de la ONU , recibió este verano las nuevas acusaciones de la segunda mujer. Se cree que los investigadores han llevado a cabo varias entrevistas para examinar sus denuncias, que se remontan a 2009.

En aquel momento, la mujer tenía veintitantos años y trabajaba como becaria no remunerada para Khan. Él era un destacado abogado defensor en la CPI y otros tribunales de crímenes de guerra en La Haya y había representado al expresidente liberiano Charles Taylor.

Fotografía del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) Karim Khan. EFE/Peter Dejong

En declaraciones exclusivas al Guardian, la mujer dice que Khan abusó de su poder e influencia sobre ella y describió su comportamiento como un “ataque constante” de insinuaciones. “No debería haberlo hecho”, dijo. “Era mi jefe”.

La mujer habla bajo condición de anonimato, ya que teme represalias y consecuencias adversas para ella y su familia si se le identifica públicamente. Decidió dar un paso al frente después de leer las acusaciones más recientes contra Khan por parte de la otra trabajadora de la CPI.

El relato de la segunda mujer sobre el presunto maltrato de Khan contiene varias similitudes con las acusaciones de la empleada, cuyos detalles han sido compartidos por personas familiarizadas con sus denuncias. Ambas mujeres han alegado que Khan les pedía que fueran a trabajar a su casa. Allí, según afirman, se sentaba a su lado en el sofá, las tocaba, las besaba e intentaba persuadirlas para que se acostaran con él.

Los abogados de Khan no han abordado los detalles específicos de las acusaciones de ninguna de las dos mujeres, pero afirman: “Es totalmente falso que haya cometido cualquier tipo de conducta sexual inapropiada”.

Su equipo legal sotiene que Khan “niega categóricamente” haber “acosado o maltratado a ninguna persona, haber abusado de su posición o autoridad o haber incurrido en cualquier conducta que pudiera interpretarse como coercitiva, explotadora o profesionalmente inapropiada”.

Los abogados señalan que Khan había proporcionado pruebas detalladas a la investigación que “contradicen totalmente las acusaciones que se le han imputado” y “demuestran, en varios aspectos importantes, que esas acusaciones son manifiestamente falsas”.

Khan, de 55 años, fue elegido en 2021 para desempeñar un mandato de nueve años como fiscal jefe. Es, en efecto, la cara visible de la CPI, un tribunal permanente de última instancia que investiga y juzga a personas acusadas de atrocidades.

Desde que asumió el cargo, Khan ha elevado el perfil del tribunal y lo ha situado en el punto de mira de las grandes potencias, con órdenes de detención emitidas contra sospechosos como el ruso Vladímir Putin y el israelí Benjamin Netanyahu.

Su mandato se vio sacudido el año pasado cuando se hicieron públicas las acusaciones formuladas por una empleada de la CPI . La mujer, una abogada de unos 30 años que trabajaba directamente para él, alega que la conducta indebida se produjo durante un largo periodo entre 2023 y 2024.

El equipo legal de Khan afirma que su cliente "ha sido objeto de una campaña orquestada" y dice que es consciente de los intentos de "desacreditarlo y destruir su reputación personal a través de los medios de comunicación como consecuencia directa de su papel en la emisión de la orden de detención" contra Netanyahu

Khan y sus representantes han presentado la aparición de las acusaciones como parte de una campaña de actores externos hostiles para desacreditarlo y presionarlo en respuesta a las medidas que ha tomado contra Netanyahu y el exministro de Defensa israelí, Yoav Gallant.

Aunque The Guardian tiene entendido que ha habido intentos por parte de actores proisraelíes de informar a los periodistas y filtrar información sobre la denuncia de la empleada de la CPI, no ha encontrado pruebas que sugieran que ninguna de las dos mujeres haya planteado las acusaciones como parte de un elaborado complot contra el fiscal.

Una vez que la investigación del organismo de control de la ONU haya concluido, sus conclusiones serán revisadas por un panel de expertos judiciales que asesorarán al órgano rector de la CPI sobre si se deben tomar medidas contra Khan.

Si se determina que ha cometido una “falta grave” o un incumplimiento grave de sus funciones, el fiscal podría enfrentarse a un castigo sin precedentes: una votación secreta en la que los 125 Estados miembros de la CPI decidirían sobre su destitución.

“Confusa y humillada”

Cuando las acusaciones de abuso sexual sacudieron la CPI el año pasado, Khan emitió un comunicado en el que insistía en que, en 30 años de trabajo en “contextos diversos”, “nunca nadie había presentado una denuncia de este tipo” contra él.

Patricia (nombre ficticio) dice que cuando leyó las acusaciones y vio la declaración de Khan, se le “encogió el corazón”. Dijo que anteriormente, como becaria al comienzo de su carrera, se había sentido incapaz de presentar una denuncia formal.

Patricia sostiene que antes de trabajar para Khan había considerado las prácticas como una oportunidad “emocionante y significativa”. “Karim era una persona bien relacionada y muy respetada que podía hacer que las cosas sucedieran, y alguien que te recomendaba”, recuerda.

Sin embargo, afirma que trabajar para Khan “tuvo un precio que no debería haber tenido”. “Ese precio me perturbó y angustió durante algún tiempo después”.

Según su testimonio, una de las primeras experiencias de la supuesta conducta inapropiada de Khan tuvo lugar en las oficinas del tribunal, donde afirmó que Khan le “manoseó” los pechos con una caricia “prolongada” que fue “completamente no consentida”.

“No fue como ”ups, te he rozado con el dorso de la mano, lo siento“”, cuenta. “Estaba demasiado cerca”.

Patricia dice que el incidente en la oficina le dejó “confusa y humillada”, pero durante las semanas siguientes se vio obligada a trabajar en estrecha colaboración con Khan en la preparación de un caso. Durante este periodo, dijo, Khan le pidió al menos en seis ocasiones que trabajara en su casa de La Haya, donde estarían solos los dos.

Dijo que cuando trabajaba en su apartamento tenía que lidiar con sus insinuaciones mientras intentaba hacer su trabajo. “Intentaba averiguar cómo mantener una relación normal y adquirir experiencia laboral sin acostarme con él y sucumbir”, dijo.

Imagen de archivo del Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan. EFE/ Miguel Gutiérrez

Esto era difícil, según ella: “Cuando estábamos en su casa era como un ataque constante. [Cada vez que trabajaba en el apartamento] era otra ronda de [Khan] sentado a mi lado en el sofá, tocándome, besándome e intentando convencerme de que me acostara con él”.

Patricia cuenta que en ese momento se sentía “atrapada”. Ella estaba cubriendo los gastos de las prácticas y consideraba que era vital recibir una carta de recomendación positiva de Khan. Quejarse no era una opción, dijo, y la elección a la que se enfrentaba era “perseverar o marcharse”.

“Para mí era fundamental superar la experiencia”, señala. “Recuerdo que iba a su casa y sentía que tenía que animarme, que tenía que fortalecerme”.

Dice que rechazó las peticiones explícitas de Khan de mantener relaciones sexuales. “Recuerdo que se me ocurrían todo tipo de excusas tontas para no acostarme con él, solo para intentar no enfadarlo”.

Dijo que, aunque se sentía “miserable” y deprimida mientras trabajaba para Khan, decidió quedarse. Una vez finalizadas las prácticas, recibió una carta de recomendación muy elogiosa. Cuenta que se sentía “como un pacto con el diablo”.

Patricia afirma que se mantuvo en contacto con Khan durante varios años porque sentía la necesidad profesional de mantener una buena relación con él. Con el tiempo se dio cuenta de cómo le había afectado el comportamiento de Khan.

Dice que el fiscal de la Corte le enviaba mensajes de vez en cuando mucho después de las prácticas, aunque ella acabó dejando de responder. En 2019 recibió lo que describió como un “mensaje extraño” de forma inesperada. Khan le dijo que pensaba en ella. Le agradeció su “buena compañía” y “ser una muy buena amiga”.

“Karim, no me hace feliz saber de ti, por eso no te respondo. Me gustaría que no te pusieras en contacto conmigo, por favor, no lo hagas más”, respondió ella. No volvió a saber nada de Khan.

Casos similares

Después de leer sobre las acusaciones de la empleada de la CPI contra Khan el año pasado, Patricia se puso en contacto con The Guardian. Dice que le “perturbaba” que, tantos años después, algo similar a su experiencia hubiese ocurrido de nuevo.

Este verano prestó testimonio formal ante la Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OSSI) de la ONU, el organismo que investiga las acusaciones de la empleada de la CPI. Una fuente familiarizada con la investigación sostiene que el organismo de control había revisado el material compartido por Patricia y entrevistado a personas cercanas a ella. Un portavoz de la OSSI ha señalado que el organismo no hará declaraciones durante la investigación.

Durante los últimos nueve meses, los investigadores han estado examinando las acusaciones de la empleada de la CPI. Como informó The Guardian el año pasado, sus denuncias incluyen acusaciones de comportamiento sexual coercitivo y abuso de autoridad. Se dice que la presunta conducta sexual inapropiada tuvo lugar en habitaciones de hotel durante viajes de trabajo, en la oficina de Khan en la CPI y en su domicilio.

Desde entonces, han salido a la luz nuevos detalles sobre las acusaciones de la empleada. Varias fuentes de la CPI y otras personas con conocimiento de las denuncias afirman que se produjeron múltiples casos de presunto abuso sexual en la casa de Khan después de que se le pidiera que acudiera allí por motivos de trabajo.

Según dos fuentes, la empleada ha alegado que Khan solía llevarla al sofá del salón, donde le tocaba e intentaba persuadirla para que mantuviera relaciones sexuales. Se dice que ella intentó evitar sus insinuaciones y puso excusas para marcharse.

La empleada ha descrito las insinuaciones de Khan en su casa como “incesantes”. En uno de los registros de las acusaciones, ella dijo: “Él intentaba besarme y yo siempre apartaba la cabeza y me echaba hacia atrás y él me decía que dejara de moverme y me decía ”bésame, bésame“”.

La postura de Khan

El bufete de abogados que representa a Khan, Carter-Ruck, sostiene que su cliente tiene un historial intachable y niega las acusaciones. Afirman que Khan está “cooperando de forma plena y transparente” con la investigación en curso, pero que tiene “serias dudas sobre si la investigación puede garantizar el debido proceso”.

El equipo legal afirma que Khan “ha sido objeto de una campaña orquestada” y dice que es consciente de los intentos de “desacreditarlo y destruir su reputación personal a través de los medios de comunicación, como consecuencia directa de su papel en la emisión de las órdenes de detención” contra Netanyahu y Gallant.

El año pasado, The Guardian, junto con la publicación plaestino-israelí +972 Magazine y el medio en hebreo Local Call, reveló cómo las agencias de inteligencia israelíes habían llevado a cabo una campaña contra la CPI . Esto incluyó una operación del Mossad que intentó intimidar y difamar a la predecesora de Khan, Fatou Bensouda.

En este contexto, Khan y las personas que actúan en su nombre han tratado de sugerir en privado y a los periodistas que él es objeto de una iniciativa similar por parte de la inteligencia israelí.

En las últimas semanas, medios como Middle East Eye (MEE) y Le Monde han publicado informes sobre las presiones que supuestamente se han ejercido sobre Khan. Un artículo de MEE afirmaba que la investigación de la CPI sobre los crímenes de guerra israelíes se había “desviado por amenazas, filtraciones y acusaciones de carácter sexual”, y planteaba dudas sobre la fiabilidad de las acusaciones del miembro del personal.

Cinco fuentes de la CPI familiarizadas con la respuesta de Khan a las acusaciones cuando estas salieron a la luz por primera vez dijeron a The Guardian que su equipo concluyó que era muy improbable que las denuncias de abusos formaran parte de una operación de inteligencia. Una de las fuentes afirmó que los intereses proisraelíes “pueden haber explotado la historia, pero no la crearon”.

La empleada de la CPI que se encuentra en el centro de la investigación se ha sentido especialmente afligida por las insinuaciones de que forma parte de un complot proisraelí, según personas que la conocen. Señalan que es musulmana y que en la fiscalía se sabía que había apoyado la investigación sobre los crímenes cometidos por altos funcionarios israelíes en Gaza.