Texas lleva mucho tiempo bajo la amenaza de los lanzamientos y explosiones de cohetes de SpaceX. Ahora Hawái se perfila como la siguiente víctima

La nave Starship de Elon Musk completa con éxito su vuelo después de tres explosiones en lo que va de año

Se dice que Mokumanamana (Isla de muchas aves), una de las islas al noroeste de Hawái, está tocada por los dioses. Dividida en dos por la línea del trópico de Cáncer, se encuentra en lo profundo del océano Pacífico, a unos 690 kilómetros de Honolulu. Los escarpados acantilados rocosos de la isla dan paso a aguas azul índigo salpicadas de focas monje y corales pétreos. A pesar de que ningún ser humano ha vivido en Mokumanamana, la isla cuenta con la mayor densidad de antiguos lugares religiosos hawaianos en el mundo, en especial, plataformas ceremoniales (heiau).

“Se encuentra en la frontera entre lo que los nativos hawaianos llaman ”pō“, la oscuridad, y ”au“, la luz”, explica William Aila, expresidente del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái. “Cuando un hawaiano muere, su alma viaja desde cualquier lugar de las islas principales de Hawái hasta las islas del noroeste. Y en ese punto, en pō, se encuentra con sus antepasados”. Según cuenta Aila, si una persona ha sido buena, puede pasar a pō y reunirse con sus antepasados, que habitan en las aguas del Pacífico al oeste de Mokumanamana.

Algunos ecologistas y científicos han alertado de que cientos de kilómetros de océano que rodean Mokumanamana y otras islas hawaianas están amenazados. En mayo, la Administración Federal de Aviación (FAA), la agencia que supervisa el transporte aéreo y espacial en Estados Unidos, anunció que había concedido a Elon Musk permiso para detonar cohetes de su empresa SpaceX sobre estas aguas protegidas.

SpaceX presentó por primera vez su solicitud, una propuesta denominada Starship Super Heavy Project, a la FAA en 2022. Un año más tarde, la empresa obtuvo una licencia que le permite lanzar su enorme cohete Starship cinco veces al año. En 2024 Musk propuso quintuplicar esa cifra, para hacer 25 lanzamientos anuales. La base de lanzamiento de SpaceX se encuentra en Boca Chica, Texas, rodeada por un parque estatal y un refugio federal de vida silvestre. Hasta la fecha, 10 cohetes Starship han intentado despegar desde esta localización. La mayoría de los lanzamientos han terminado en explosiones dispersas, esparciendo metralla y escombros desde el Golfo de México hasta el Océano Índico.

Este martes, la nave Starship cumplió este martes su décimo lanzamiento de prueba después de tres intentos fallidos este año.

Musk no solo solicitó aumentar el número de lanzamientos. También propuso ampliar la zona del océano Pacífico donde pueden caer los restos de sus Starships, en un área del Pacífico 75 veces mayor que la permitida hasta ahora. Esta nueva zona abarca vastas regiones de todo el Pacífico, incluyendo las ocho islas principales de Hawái, Mokumanamana y toda la cadena de islas del noroeste de Hawái, que se encuentran dentro del monumento nacional marino Papahānaumokuākea, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El monumento está considerado como una de las zonas más singulares y diversas del mundo desde el punto de vista ecológico, con 7000 especies de aves, tortugas, mamíferos marinos, peces y corales, algunos de los cuales se encuentran en peligro crítico de extinción. También es la zona protegida más grande de la Tierra, con una superficie de aproximadamente 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Los antepasados de los hawaianos modernos exploraron el océano abierto desde esta zona protegida, navegando por las estrellas. Durante los últimos días de la presidencia de Joe Biden, designó el monumento como santuario, otorgándole una mayor protección legal.

Peligro en Mokumanamana

Según miles de páginas de documentos gubernamentales revisados por The Guardian y entrevistas con más de una docena de personas, entre ellas oceanógrafos, ingenieros aeroespaciales, antiguos empleados del Gobierno, abogados y residentes hawaianos, cuando se aumente la cifra de lanzamientos, las aves y la vida marina podrían enfrentarse a derrames de materiales peligrosos, caída de objetos y estampidos sónicos. Temen que el enfoque de Musk consistente en “fracasar rápido” en los lanzamientos de cohetes para aprender de esos fallos lo antes posible, corregir errores y mejorar la siguiente versión, junto con sus vínculos con la Casa Blanca, pueda significar que SpaceX vaya a tener vía libre en la región. Muchos en Hawái dicen que la revisión de la FAA sobre las posibles consecuencias medioambientales no es lo suficientemente exhaustiva.

La evaluación de la Administración Federal de Aviación tiene un detalle significativo: en realidad fue elaborada por la propia SpaceX

“Nosotros, especialmente como nativos hawaianos que tenemos una relación especial con ese lugar, simplemente queremos una evaluación imparcial y objetiva del riesgo antes de consentir que lluevan miles de piezas de un cohete fallido”, señala Aila, expresidente del consejo asesor de Papahānaumokuākea.

Musk, la persona más rica del mundo, ha enmarcado su plan de expansión de SpaceX como existencial, crucial para la supervivencia de la raza humana. Afirma que un día, en un futuro no muy lejano, el desarrollo del cohete Starship de SpaceX culminará con su objetivo final de colonizar el planeta Marte.

Starship es la nave espacial más grande y potente jamás construida, con una altura de 40 pisos cuando se apilan todas sus partes. Está diseñada para ser totalmente reutilizable y está equipada con un propulsor Super Heavy y motores que queman gas metano y oxígeno líquido. Musk la bautizó con el nombre en clave BFR (Big Fucking Rocket) (jodido gran cohete).

En un discurso pronunciado el año pasado, Musk afirmó que “Starship es el primer cohete verdaderamente capaz de llevar la vida más allá de la Tierra”. “No queremos ser una civilización confinada a un solo planeta. Queremos ser una civilización multiplanetaria y, en última instancia, multiestelar, estar ahí fuera, entre las estrellas”, concluyó.

Para Musk, el coste de dañar el delicado ecosistema oceánico se ve compensado por los beneficios de la exploración espacial.

“Si el [Starship] golpeara a una ballena es que tal vez esa ballena se lo merecía, porque las probabilidades son muy bajas”, ironizó en octubre, cuando hacía campaña a favor de Donald Trump, entonces candidato a la presidencia del Partido Republicano.

“Es como Destino Final (saga de películas de terror y suspense), edición ballena. Como si el destino hubiese elegido a esa ballena como protagonista.

Musk, la compañía SpaceX y la Casa Blanca no han respondido a las peticiones de The Guardian para hacer declaraciones.

Informes elaborados por SpaceX

Según la FAA, cuando una Starship detona y se precipita al mar, hay tres posibles resultados. En primer lugar, podría tener un aterrizaje forzoso a “velocidad terminal”, lo que provocaría que el cohete se rompiera con el impacto y creara un “evento explosivo” en la superficie del agua. En segundo lugar, podría tener un “aterrizaje suave en el agua y volcarse y hundirse”. O, por último, el cohete podría romperse durante la reentrada en la atmósfera, provocando que los restos se esparcieran por el océano.

En el periodo previo a la aprobación por parte de la FAA de los 25 lanzamientos anuales de SpaceX, las agencias federales que trabajan con especies en peligro de extinción emitieron dictámenes biológicos sobre el posible impacto de estos tres escenarios.

El Servicio Nacional de Pesquerías Marinas dijo que decenas de especies se verían afectadas“, entre ellas varias especies de ballenas, tortugas, focas, peces, tiburones, corales y otras formas de vida marina. La agencia señaló específicamente tres tipos de tortugas marinas —la verde, la de Kemp y la boba— como ”impactadas de manera negativa“. Según la agencia, esos efectos adversos podrían provenir de cosas como estampidos sónicos, caída de escombros y derrames de combustible y petróleo.