François Bayrou se someterá a un voto de confianza en la Asamblea Nacional que tiene pocas posibilidades de ganar

Quién es François Bayrou, el histórico del centroderecha francés elegido por Macron como nuevo primer ministro

El anuncio del primer ministro francés, François Bayrou, de que el próximo 8 de septiembre se someterá a una cuestión de confianza en la Asamblea Nacional marca el inicio de una nueva etapa de turbulencias para la política francesa. Se trata de una votación parlamentaria que Bayrou tiene escasas posibilidades de ganar y que, en caso de perder –si no consigue el apoyo de una mayoría simple de diputados–, tendrá que presentar su dimisión.

Sin una mayoría que lo respalde en la Asamblea y enfrentado a unas cifras de impopularidad sin precedentes, Bayrou pone en manos de los diputados el futuro de su Gobierno y el de los próximos presupuestos. El lunes, el primer ministro defendió la necesidad de “una clarificación”, como elemento “indispensable para la recuperación del país”, reiterando la urgencia de llegar a un acuerdo ante la gravedad de la deuda pública que arrastra Francia.

“A partir de ahora, cada uno tendrá que asumir sus responsabilidades”, afirmó en la rueda de prensa en la que anunció la futura votación. En julio, Bayrou había desvelado las líneas maestras de su proyecto de presupuestos generales, marcados por recortes y por una batería de impopulares medidas encaminadas a reducir la deuda en 44.000 millones de euros en 2026.

La propuesta generó el rechazo unánime de la oposición y fue mal recibida por la opinión pública.

Todo apuntaba a que la tramitación parlamentaria, que debía comenzar a mediados de septiembre, abocaba a Bayrou a seguir la misma suerte que Michel Barnier: sin apoyos suficientes, los presupuestos deberían ser aprobados por decreto (en Francia, la situación de presupuestos generales en prórroga es extremadamente rara). A esta decisión le hubiese seguido una moción de censura, previsiblemente votada por la izquierda y la extrema derecha. Suficiente para hacer caer al primer ministro.

Ante este escenario, Bayrou ha preferido adelantarse a la moción de censura y a los debates parlamentarios, precipitando la votación sobre su futuro. Para la oposición, la votación anunciada para el 8 de septiembre equivale prácticamente a una dimisión.

“Es una autodisolución”, comentó el secretario general del Partido Socialista, Olivier Faure, que apuntó que Bayrou está orquestando su salida para preparar la presidencial de 2027. “Quiere hacerlo con la teatralidad de alguien que planea una nueva etapa en su vida política”. Los socialistas, que en febrero salvaron a Bayrou con su abstención, consideran que éste incumplió las promesas realizadas entonces y, según Faure, ahora no contemplan otra opción que votar en contra de su continuidad.

La previsible caída del primer ministro (nombrado el pasado 13 de diciembre) obligará al presidente Emmanuel Macron a nombrar un sustituto –que sea capaz de superar una previsible censura y de llevar a buen puerto la tramitación de los presupuestos– o a convocar nuevas elecciones legislativas.

Le Pen pide elecciones

Todos los partidos de la oposición reaccionaron rápidamente al anuncio confirmando que votarán en contra de Bayrou y su Gobierno. El presidente del partido lepenista Agrupación Nacional (RN por sus siglas en francés), Jordan Bardella, dio por segura la caída del Ejecutivo. “François Bayrou acaba de anunciar el fin de su Gobierno, minado por su inmovilismo complaciente”, declaró en la red X. “RN nunca votará a favor de un Gobierno cuyas decisiones hagan sufrir al pueblo francés”.

En la misma red social, Marine Le Pen reclamó unas nuevas elecciones legislativas para continuar la lucha contra el “sistema” que representa Bayrou, al que “hay que combatir”. Ese mismo sistema al que culpa de su inhabilitación, tras una condena por malversación de fondos que le impedirá ser candidata a un escaño de diputada en caso de nuevas elecciones legislativas. Le Pen no ha aclarado aún si, pese a la sentencia, intentará desafiar la decisión judicial y presentarse de nuevo.

En la izquierda, todas las formaciones progresistas anunciaron que no otorgarán su confianza al primer ministro. En el caso de Francia Insumisa (LFI), reclama otro tipo de elección: la presidencial. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, anunció que el partido volverá a intentar activar el proceso de destitución de Macron (un proceso constitucional complejo con escasas posibilidades de éxito, ya que requiere una votación bicameral).

En caso de nuevas elecciones legislativas, se antoja difícil reeditar una alianza entre las fuerzas progresistas como el Nuevo Frente Popular, ya que las relaciones entre LFI y el PS están en su peor momento. Por otro lado, Mélenchon relacionó la decisión de Bayrou de precipitar el voto con un movimiento de protesta convocado en las redes sociales para el 10 de septiembre. Bajo el lema 'Bloquons tout' (bloqueemos todo), llama a un paro general del país. Un movimiento que recuerda al de los chalecos amarillos y que LFI ha afirmado apoyar sin reservas. “La movilización popular en curso ya ha ganado”, sentenció Mélenchon el lunes.

En todo caso, la impopularidad de Bayrou, junto con el rechazo de su plan presupuestario por parte de la mayoría de la opinión pública, hace que cualquier cambio de situación que salve su puesto sea prácticamente imposible. La única voz política que ha abierto la puerta a una negociación –a contracorriente de la opinión del jefe de su partido– es la de François Hollande. “No digo que la censura no sea posible en algún momento. Hoy en día es lo probable. Pero sí debe haber un diálogo y hay que llevarlo hasta el final”.

El fantasma de la deuda

La decisión de Bayrou de solicitar la cuestión de confianza fue concertada con Macron en una reunión entre ambos la semana pasada en la residencia presidencial del Fuerte de Brégançon. Muestra del apoyo del presidente a la iniciativa del primer ministro es la presencia del secretario general del Elíseo, Emmanuel Moulin, en el momento del anuncio.

Bayrou está utilizando su salida para incidir en los riesgos de la situación económica del país, presentando un panorama alarmante sobre el futuro de las finanzas del Estado. “Nuestro país está en peligro porque estamos al borde de un sobreendeudamiento”, insistió el jefe del Gobierno, afirmando que “desde hace veinte años, cada hora ha aumentado la deuda en 12 millones de euros adicionales”.

Y aunque en los sondeos de opinión la cuestión ha ido ganando peso entre las preocupaciones de los franceses, el rumbo a seguir y el reparto de los esfuerzos –en particular en materia de impuestos– es objeto de un debate fundamental para el futuro del país. Y el próximo primer ministro se encontrará ante la misma ecuación político-presupuestaria, con aún menos tiempo para resolverla.

La inestabilidad también pesa sobre la economía: la previsible crisis desencadenada el lunes por el anuncio de Bayrou provocó inmediatamente una caída del 1,6% en la Bolsa de París, tendencia que se amplificó el martes en la apertura. Según el Observatorio Francés de Coyuntura Económica (OFCE), la falta de visibilidad política ya ha lastrado en aproximadamente 0,3 puntos el crecimiento de 2025: en lugar de alcanzar el 1%, el PIB podría crecer solo entre un 0,6% y un 0,7%.