Los grupos de mujeres mayores que pasan los atardeceres al sol jugando al bingo sobreviven como una isla frente a la caída de población gaditana
Paqui López, Mari, Eugenia, María, Paz y Pepi mantienen la formación de sillas y sombrillas en un círculo tan prieto e inquebrantable que parecieran legionarias romanas en plena batalla. Solo abren su colorido escudo playero cuando aparece Paqui para completar el corro. La más joven del grupo, de 47 años, llega justo a tiempo. “El único, el 14, el 52, el licorcito, el 25, la niña bonita...”, repiquetea López veloz, mientras saca los “boliches” de una bolsita. El resto de las amigas tachan los números con moneditas y piedras de colores en sus cartones, enganchados con alfileres de tender en tablas de corte. El canturreo binguero obra el micro mila