En los años más aciagos de la guerra contra el terrorismo hubo momentos en los que, en muchas zonas del territorio nacional, el Estado peruano se había replegado, cediendo así el dominio del territorio y el gobierno de la población a la subversión.

Una figura análoga, aunque causada por el crimen organizado y no por la subversión, ocurre en el estado mexicano de Sinaloa. El poder económico, el poder de fuego y la violencia que ejerce el Cártel de Sinaloa en el territorio y sobre la población son propios de una guerra. Autoridades públicas de todo tipo (nacionales, municipales, judiciales, policiales, etc.) han sido corrompidas o atemorizadas y han claudicado ante el imperio criminal.

En el Perú se viene desarrollando un fenómeno similar. La explosión del crimen organizado en la forma de

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