"El Estado del bienestar que tenemos hoy ya no se puede financiar con lo que producimos en la economía", dijo el canciller, que a su vez quiere duplicar el gasto militar entre 2025 y 2029
Europa recupera la ‘mili’: del frente nórdico al nuevo proyecto alemán
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha pasado en apenas dos meses de prometer un impulso sin precedentes del gasto público a advertir a la ciudadanía de que no queda más remedio que recortar el gasto público. Son dos afirmaciones contradictorias hasta que se va al detalle: lo que procede disparar, según la tesis del mandatario, es la inversión militar, mientras que lo que no es sostenible es el estado del bienestar.
“El Estado del bienestar que tenemos hoy ya no se puede financiar con lo que producimos en la economía”, dijo Merz el sábado 23 de agosto en una conferencia ante las bases de la CDU en la ciudad de Osnabrück. Unos días después, el jueves, se le pudo ver inspeccionando fragatas militares antisubmarino por el mar Báltico. Ha sido en la misma semana en que el país anunció que reforzaba el servicio militar —de momento, con carácter voluntario— para despertar el ardor guerrero de una población que en los últimos 80 años se ha caracterizado por sus escasas ínfulas bélicas.
Merz gobierna desde mayo en coalición con los socialdemócratas del SPD, con quienes ha acordado reformar el sistema de pensiones. A medida que la población germana envejece, aumenta el gasto en jubilaciones y ayudas sociales, que en 2024 ascendieron a casi 47.000 millones de euros, 4.000 millones más que el año previo. Es demasiado, alegan los conservadores.
No sería la primera vez que Alemania emprendiese reformas sociales a la baja. Aún son visibles hoy en día los efectos de las leyes laborales de principios de siglo, impulsadas por el entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, a quien se le achaca la explosión de los llamados minijobs, empleos precarios y mal pagados, que llevaron a los alemanes a retirarse cada vez más tarde (por encima de la media de la UE, según datos de Eurostat recopilados por der Spiegel). Schröder se marchó en 2005 creyendo que el país tendría asegurado al menos el suministro de energía asequible desde Rusia durante generaciones, pero la guerra de Ucrania dio al traste con esa vía.
Comoquiera que Merz aseguró ante sus bases democristianas en Osnabrück que tampoco subirá los impuestos a las empresas medianas mientras sea canciller, la cuadratura del círculo pasa irremediablemente por los recortes. “Gracias por este destello de sinceridad, señor canciller”, se entusiasmaron, al otro lado del Atlántico los editorialistas del Wall Street Journal, que se felicitaron por que, pese a no dar grandes detalles, Merz rompiese “el tabú”.
Barra libre para Defensa
Economistas, historiadores y sociólogos llevan décadas debatiendo sobre los motivos últimos de la fijación económica alemana con el superávit primario de las cuentas públicas y el control de la inflación. Era un axioma para la clase dirigente que se hundió casi de la misma manera que el gasoducto Nord Stream en 2022: rápidamente y sin muchas explicaciones.
El antecesor de Merz, Olaf Scholz (SPD), ya defendió un incremento del presupuesto militar, pero Merz ha ido más allá. Si en España Pedro Sánchez negoció para evitar que el compromiso con la OTAN del gasto sobre el PIB no superase el 2%, Merz fue uno de los máximos defensores de elevarlo al 5%, y no por el chantaje del estadounidense Donald Trump, sino por “interés propio”. “No le hacemos ningún favor a nadie”, declaró solemnemente en la cumbre de la Alianza Atlántica en La Haya del 25 de junio.
Antes ya había movilizado al parlamento teutón para modificar las previsiones de la Carta Magna —así de importante era el asunto— sobre las reglas de gasto, que se aprobó por amplia mayoría. Las reformas constitucionales ofrecen a los estados federados mayores posibilidades de endeudamiento, además de liberar al Estado de todo límite en el gasto en defensa que supere el 1% del producto interior bruto (PIB) –unos 43.000 millones de euros–, y permitir la creación de un fondo para infraestructuras y la protección del clima de 500.000 millones de euros.
El gasto militar incluye también la mano de obra. “He dicho ya otras veces que, por su tamaño y su capacidad económica, Alemania tiene que tener el ejército convencional más grande de Europa”, dijo Merz el miércoles, después de que el Consejo de Ministros aprobase un proyecto para engordar las tropas, inicialmente voluntario, con el propósito de llegar a tener en torno a 260.000 militares activos –unos 80.000 más que los actuales–, además de aumentar el número de reservistas hasta los 200.000.
Si en 2025 el presupuesto militar alemán fue de 86.000 millones de euros (95.000 millones, si se suma la asistencia suministrada a Ucrania), en torno al 2,4% del PIB, los planes presupuestarios pasan porque, para 2029, el montante llegue a 171.000 millones.
Uno de los ministros de Schröder, Ralf Stegner, hoy diputado del SPD en el Bundestag, señalaba en una entrevista en elDiario.es en julio que este arrojo inversor no es “sensato”. “No sólo no acabará con las guerras, sino que creará nuevos peligros y, sobre todo, hará que nos falten los recursos necesarios para resolver los verdaderos problemas mundiales: la pobreza, las guerras civiles y la destrucción del medio ambiente”, opuso.
Comprar tanques y jubilarse más tarde
Al gasto presupuestario en sentido estricto se le sumarán compromisos hasta 2041 para la compra de tanques, barcos y aviones por valor de 325.000 millones de euros, según el borrador del presupuesto remitido el lunes al Parlamento. Mientras tanto, a la población se le dice que tendrá que trabajar durante más tiempo.
La ministra de Economía, Katherina Reiche, democristiana como Merz, insistió en julio en que había que llevar la edad de jubilación a los 70 años. “Los cambios demográficos y el constante aumento de la esperanza de vida lo hacen inevitable: el periodo laboral vital debe incrementarse”, declaró en una entrevista a finales del mes pasado al Frankfurter Allgemeine. “Tenemos que trabajar más y más tiempo”, insistió. La andanada no sentó especialmente bien en los compañeros de coalición. El secretario general del SPD, Tim Klüssendorf, despejó: “No lo contemplamos”.
La ministra Reche comparte con Merz un provechoso paso por el sector privado, que en su caso la llevó al equipo directivo de la energética E.On. El currículum del canciller es más sonado. Millonario y propietario de un avión, Merz fue uno de los responsables en Alemania del fondo Blackrock, que en España tiene intereses en buena parte del IBEX, pero es más conocido popularmente por sus prácticas inmobiliarias abusivas. Entre sus múltiples inversiones están también los fondos de pensiones.
Deslucido arranque de mandato
Más allá de intereses ideológicos o estratégicos, los primeros pasos del nuevo canciller no han dado lustre a su figura en el plano doméstico. La ultraderecha de AfD, que se encaramó al segundo lugar en las últimas elecciones, acecha a la CDU en intención de voto, y en más de una encuesta en los últimos meses ha llegado a superarla. La última, este mismo agosto.
Esta cercanía de los ultras crea zozobra en las filas democristianas, donde crece la tentación de asumir los discursos regresivos de los ultras. Por ejemplo: la candidata que apoyaba el Gobierno para ingresar en el Tribunal Constitucional acabó retirando su candidatura después de que AfD la censurase por no tener posturas claramente antiabortistas y los democristianos no se afanasen en defenderla.