Durante años, cerca del mar Caspio, una grulla siberiana solitaria migraba cada invierno. Su nombre era Omid , que significa “esperanza” en persa. Su presencia representaba lo que muchos consideran el último vestigio de la población occidental de grullas siberianas , las cuales solían migrar desde Siberia occidental hacia India e Irán.

La figura de Omid se transformó en símbolo tanto de la fragilidad ambiental como de la resistencia frente al peligro de la extinción. Tanto así que, en 2022, la Fundación Internacional de la Grulla (ICF) intentó darle un giro a la historia al liberar a una grulla siberiana criada en cautiverio, a la que llamó Roya (“sueño” en persa), en la zona de reproducción en Siberia.

El objetivo era que el ave solitaria transmitiera a Roya la

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