El consumo de ketamina en Chile ha aumentado de manera alarmante, según informes de las autoridades. Fernando, un psicólogo de 41 años, comparte su experiencia tras probar esta droga por primera vez en 2019. Comenzó con tusi, una mezcla de ketamina y otras sustancias, y rápidamente se volvió adicto. Asegura que el efecto le gustó, lo que lo llevó a buscar ketamina inyectable. Sin embargo, pronto enfrentó graves consecuencias para su salud, incluyendo problemas severos con su vejiga.
Las autoridades chilenas han notado un incremento en el tráfico de ketamina, especialmente por parte de organizaciones criminales como el Tren de Aragua. Este grupo ha cambiado su enfoque del contrabando de drogas tradicionales a esta sustancia sintética, que se utiliza como anestésico veterinario. La ketamina es fácilmente accesible en países vecinos como Perú, lo que facilita su ingreso a Chile.
Recientemente, la Fuerza Aérea de Chile descubrió envíos de ketamina en vuelos institucionales. Según el Ministerio de Seguridad Pública, en 2024 se incautaron 1,9 millones de unidades de ketamina, valoradas en 18 mil millones de pesos. Esto representa un aumento del 52,8% en comparación con el año anterior. Las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta concentraron el 83,5% de las incautaciones.
Fernando comenzó a consumir ketamina a los 36 años, a pesar de ser advertido sobre los riesgos de dependencia. Ignoró las alertas y, en su búsqueda de mejores precios, contactó a distribuidores mayoristas. En su peor momento, llegó a inyectarse la droga decenas de veces al día. La ketamina provoca efectos disociativos y alucinógenos, lo que llevó a Fernando a perder la sensación de su propio cuerpo. Los problemas físicos, especialmente en su tracto urinario, comenzaron a aparecer rápidamente, lo que plantea un grave problema de salud pública en el país.