Las palabras de John Lydon -”son unos farsantes”- resuenan a paradoja mientras se observa no a las 50 mil personas que arribaron la noche del sábado en medio del implacable frío capitalino al Parque del Estadio Nacional, sino a unos pocos que sin entrada, se aglutinaron a las afueras del recinto por Pedro de Valdivia, coreando hasta las últimas canciones del regreso de Green Day después de ocho años. Fue una hora y media de espectáculo con llamaradas y fuegos artificiales, iluminando el cielo rojizo de Ñuñoa, que contuvo amablemente la lluvia.

Esta “versión turgente de algo que en realidad no les pertenece”, como también ha dicho con desprecio el ex cantante de los Sex Pistols, puede oler a estafa entre los pioneros del punk, pero algo escapa en esa lectura. El trío californiano ha constr

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