Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •
No es sorpresa, nada nuevo, que campesinos sin propiedad, sin derecho al agua, luchen por los “derechos” de los grandes propietarios capitalistas del campo y mercaderes del vital líquido y hasta de concesiones que tienen de sobra. Sucede lo mismo con aquellos desposeídos y endeudados con los créditos de Elektra que, con gran pasión, defienden el supuesto “derecho” de Salinas Pliego de no pagar impuestos que se utilizarían para los programas sociales de ellos mismos. Equivale a levantarle altares al demonio, a tomar del brazo a su propio verdugo de clase. Pero sucede. Es la vida real.
Evidentemente, al empobrecimiento material suele acompañarle la pauperización intelectual degradando la capacidad de reflexión, el pensamiento crítico, se nulifica el sen

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