El asesinato del abogado y candidato Percy Ipanaqué revela, una vez más, que Piura vive bajo el dominio de un sicariato que opera con total precisión y sin temor a la autoridad. La violencia dejó de ser episodios aislados.

La ejecución ocurrió a plena luz del día, en una carretera rural y mediante dos motocicletas que interceptaron su vehículo. La modalidad evidencia planificación, seguimiento y un mensaje directo contra quienes incomodan estructuras criminales.

La hipótesis de un crimen vinculado a denuncias contra presuntos actos de corrupción policial no puede ser tomada a la ligera. Un abogado que expone irregularidades jamás debería convertirse en blanco de los mismos a quienes fiscaliza.

Resulta preocupante que, antes del ataque, Ipanaqué recibiera advertencias indirectas tras dem

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