En México, solo entre 30 % y 40 % de las empresas que abren logran sobrevivir más de cinco años. La cifra, que refleja una alta rotación y fragilidad del tejido empresarial, debería preocuparnos más de lo que lo hace.

Que seis de cada diez negocios desaparezcan antes de alcanzar madurez revela un entorno complejo: trámites, financiamiento limitado, competencia desigual, costos crecientes y, en muchos casos, una falta de acompañamiento institucional que permita consolidar proyectos productivos.

Y esto no es un asunto menor. Las empresas —sobre todo las micro y pequeñas— son las que sostienen el empleo, producen bienes y servicios y generan una parte clave de los impuestos que el gobierno recauda.

Cuando una empresa muere, no solo se pierde un esfuerzo individual; se erosiona la base econ

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