Cantabria vuelve a situarse en el mapa de los destinos más deseados del norte de España gracias a uno de sus enclaves más singulares: el Faro de Ajo , en el municipio de Bareyo . Esta torre costera, que durante décadas guio a los navegantes a través del Cantábrico, se ha transformado en los últimos años en un icono artístico y turístico que continúa atrayendo visitantes de todo el país. Su fusión de historia marítima , arte contemporáneo y paisajes espectaculares ha convertido a este rincón en uno de los lugares más fotografiados de Cantabria y en una parada obligatoria para cualquier viajero que planee descubrir el norte en 2026.

Un faro histórico convertido en obra de arte

Construido en 1930 y con una luz visible a más de 17 millas náuticas, el Faro de Ajo forma parte del patrimonio marítimo cántabro. Sin embargo, fue su intervención artística la que lo catapultó a la fama. En 2020, el artista cántabro Okuda San Miguel transformó su silueta blanca en un estallido de color y geometría, creando una obra que él mismo definió como «un faro cultural que conecta tradición y modernidad».

Desde entonces, miles de personas llegan cada año hasta este punto de la Costa Oriental de Cantabria para contemplar cómo los tonos vibrantes de Okuda se recortan sobre los acantilados y el intenso azul del mar Cantábrico. La intervención generó debate, pero también proyectó a Ajo como un referente del diálogo entre patrimonio y arte urbano.

Un entorno natural que enamora en cualquier estación

A su atractivo artístico se suma un paisaje que hace honor a la fama de la costa cántabra. Los acantilados de Cabo de Ajo , modelados por siglos de viento y mareas, ofrecen algunos de los miradores más impresionantes del litoral. En días despejados, el horizonte parece infinito; en jornadas de temporal, las olas rompiendo contra la roca brindan un espectáculo difícil de olvidar.

El faro se alcanza a través de un sendero que parte del pueblo de Ajo, un recorrido sencillo y apto para todas las edades que discurre entre prados verdes, casonas montañesas y un litoral salvaje. Este paseo ha convertido la zona en una de las rutas costeras más populares de Cantabria , especialmente para quienes buscan desconexión, fotografías memorables o un plan en familia.

Ajo: un pueblo que combina mar, historia y buena mesa

Más allá del faro, el pueblo de Ajo conserva una esencia rural que enamora a quienes lo visitan. Su Iglesia de San Martín de Tours , de origen medieval, y sus casonas tradicionales hablan de un pasado ligado al campo y al mar. Las playas de Cuberris y Antuerta completan la experiencia con sus paisajes salvajes y su ambiente tranquilo incluso en temporada alta.

La gastronomía es otro de sus grandes atractivos: rabas recién hechas, bonito del norte, productos de lonja y platos tradicionales como el cocido montañés o el sorropotún se convierten en el broche perfecto para una visita completa.

Un destino imprescindible para 2026

Gracias a su mezcla de patrimonio, naturaleza y arte contemporáneo, el Faro de Ajo se ha consolidado como uno de los lugares más singulares de Cantabria. Un símbolo de identidad costera que promete seguir brillando con luz propia y que convierte al municipio de Bareyo en un destino imprescindible para 2026 .