Hay amores que tienen fecha de caducidad desde el principio, amores fugaces que, sin embargo, se instalan en el alma con la permanencia de un tatuaje. Esta historia es una de ellas. La protagonista, una mujer de Chubut, cuarenta años que preferimos llamar Lucía, venía de transitar el doloroso camino del divorcio. Sentía en su cuerpo el peso del desamor y el abandono, pero también una punzante necesidad de renacer, de volver a sentir el cosquilleo de la vida. Con ese espíritu viajó a Mar del Plata, la ciudad costera donde planeaba festejar el cumpleaños de una amiga y permitirse, tal vez, un breve respiro de la rutina. No buscaba nada; simplemente quería reír, bailar y tomar distancia de lo que quedaba atrás. Lo que no imaginaba era que, en medio de esa fiesta —entre luces que parpadeaban a
La historia de amor que marcó su vida y esperó una década para contarlo
ADN SUR1 hrs ago143


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